Albillo

La Albillo es una variedad de uva blanca originaria de España, presente en muchas regiones vitícolas de nuestro país. Un tipo de uva que desemboca en otras dos variedades conocidas como “Albillo Real” y “Albillo Mayor”, que se diferencian entre sí por sus hojas adultas y por el porte de sus cepas.

La Albillo es una variedad de baja producción cuyo principal cultivo se encuentra en Castilla, especialmente en la zona de Ribero del Duero y Ávila, y en menor medida, en Madrid, Galicia y Zamora.

La Albillo Real predomina en Castilla y León, mientras que la Albillo Mayor se cultiva mayoritariamente en Madrid y en Castilla La Mancha.

Las primeras referencias a la variedad Albillo se remontan al siglo XVI, a través de un vino que se elaboraba en San Martín, envejecía en barricas de Ávila y era muy famoso entre la corte madrileña.

 

Características de la variedad de uva Albillo

Las cepas de uva Albillo tienen un pámpano de porte semierguido, con racimos pequeños, cortos, compactos, pedúnculo corto y uniforme, y hombro suelto.

Las bayas de Albillo son esféricas, de tamaño mediano/pequeño, y de piel verde – amarillenta que tiende al dorado con la maduración.  Con hollejo fino, la pulpa es blanda, jugosa y no está coloreada.

La Albillo es una variedad de desborre y maduración temprana, lo que significa que son muy sensibles a las heladas, y también al oídio. En cambio, es muy resistente al mildiu y a la botritis.

De baja fertilidad y una productividad media-baja, necesita podas largas para conseguir sacarle el máximo rendimiento posible.

 

Características de los vinos elaborados con Albillo

El vino blanco de Albillo es de un intenso color amarillo con reflejos dorados, muy limpio y con una potente lágrima. De aroma intenso y complejo, elegante y con notas afrutadas, en boca destaca como un caldo amplio y jugoso, que marida excelentemente con pescados y mariscos.

La variedad Albillo también se utiliza principalmente para elaborar vinos rosados, y también en pequeñas cantidades para elaborar vinos tintos.

Por lo general, los vinos elaborados con Albillo tienen un buen equilibrio entre alcohol y acidez, y aunque no destacan por una elevada profundidad aromática, sí se aprecian notas a miel.

La variedad Albillo se utiliza especialmente para elaborar vinos jóvenes fermentados y criados en barrica. Acostumbran a ser vinos secos, con aromas florales y notas a miel por sus elevados niveles de azúcares no fermentados, con un retrogusto ligeramente amargo.